Vivimos tiempos de vértigo. La velocidad con la que se consume, se opina, se olvida y se reemplaza ha convertido a la existencia en un desfile de estímulos sin dirección. Lipovetsky lo llamó “la era del vacío”: una época donde el individuo se emancipa, pero también se extravía. Donde la libertad se multiplica, pero el sentido se diluye. En esta cultura de lo efímero, el sentido de vida no se pierde por accidente: se erosiona lentamente, como una piedra bajo el agua. Se reemplaza por metas prestadas, por ideales de éxito que no resisten el silencio, por una felicidad que se mide en likes y no en profundidad. 🧭 ¿Cómo devolverle a las personas su sentido de vida? Reencuentro con el dolor como maestro El dolor no es un enemigo a erradicar, sino una señal a interpretar. En lugar de anestesiarlo, debemos aprender a escucharlo. El sufrimiento, cuando se atraviesa con conciencia, revela valores, prioridades y verdades que estaban sepultadas bajo el ruido. Filosofía cotidiana: pensar p...