http://www.youtube.com/@eliasenriquedamian
Por el Lic. Elías Enrique Damián 📍 Buenos Aires, agosto de 2025
Jorge Luis Borges, uno de los escritores más influyentes del siglo XX, es conocido por sus laberintos, espejos, bibliotecas infinitas y paradojas metafísicas. Pero detrás de esa arquitectura intelectual, ¿qué lugar ocupó la felicidad en su vida y en su obra? ¿Fue Borges un hombre feliz? ¿Creía en la posibilidad de la dicha? Este artículo propone una exploración profunda de cómo Borges pensó, vivió y escribió sobre la felicidad, una emoción que, aunque escurridiza, aparece entre líneas en sus textos y entrevistas.
🧠 Borges, el pensador escéptico
Borges no fue un filósofo sistemático, pero su obra está impregnada de reflexiones filosóficas. En sus ensayos y cuentos, la felicidad aparece como una idea sospechosa, casi ilusoria. En “La esfera de Pascal”, por ejemplo, Borges escribe: “La felicidad no necesita ser transmutada en palabras; basta con ser.” Esta frase revela una concepción casi mística de la felicidad: algo que se experimenta, pero que escapa a la lógica del lenguaje.
En entrevistas, Borges fue aún más escéptico. En una conversación con Osvaldo Ferrari, dijo: “Yo no sé si la felicidad existe. Creo que hay momentos felices, pero no sé si hay estados felices.” Esta distinción entre momentos y estados es clave: para Borges, la felicidad no es una condición permanente, sino una irrupción fugaz, casi accidental.
📚 La felicidad en sus cuentos
Aunque Borges rara vez aborda la felicidad de forma directa en sus ficciones, hay momentos reveladores. En “El Aleph”, el protagonista experimenta una visión total del universo, una epifanía que podría interpretarse como una forma de éxtasis. Sin embargo, lejos de sentirse pleno, se siente abrumado. La totalidad no le brinda paz, sino vértigo.
En “Ulrica”, uno de sus cuentos más breves y líricos, Borges narra un encuentro amoroso que parece rozar la felicidad. El narrador dice: “Ya no soy aquel hombre. Ahora soy el que recuerda a Ulrica.” Aquí, la felicidad se asocia con el amor y la memoria, pero también con la pérdida. Es una felicidad que se vive en retrospectiva, teñida de melancolía.
🧓 Borges y la felicidad en la vejez
En sus últimos años, Borges habló con más libertad sobre sus emociones. En una entrevista con María Kodama, confesó: “He sido feliz muchas veces, pero no lo sabía.” Esta frase condensa una de sus ideas más profundas: la felicidad es reconocida más fácilmente en el recuerdo que en el presente. Es una emoción que se revela con el tiempo, como una luz que ilumina el pasado.
También expresó gratitud por su ceguera, a la que llamó “un modo de la vida, no una tragedia.” Esta actitud estoica sugiere que Borges encontró una forma de paz interior, una aceptación que podría considerarse una forma de felicidad filosófica.
🔍 Borges y la filosofía de la felicidad
Desde una perspectiva filosófica, Borges se acerca al pensamiento de Schopenhauer y del estoicismo. Como Schopenhauer, parece creer que el sufrimiento es inherente a la existencia, y que la felicidad es una excepción. Como los estoicos, valora la serenidad, la aceptación del destino, la contemplación.
Sin embargo, también hay en Borges una veta epicúrea: el placer de la lectura, del diálogo, del pensamiento. En su ensayo “Sobre los clásicos”, afirma: “Un clásico es un libro que las generaciones humanas han leído con previo fervor y con misteriosa lealtad.” Ese fervor, ese amor por los libros, es una forma de felicidad intelectual que Borges cultivó toda su vida.
❤️ El amor, la amistad y los placeres sencillos
Aunque Borges fue reservado en lo afectivo, sus vínculos con amigos como Bioy Casares, Silvina Ocampo y María Kodama fueron fundamentales. En sus conversaciones con Bioy, recopiladas en los diarios, se revela un Borges irónico, divertido, profundamente humano. La amistad, para él, fue un refugio.
También disfrutaba de placeres sencillos: caminar por Buenos Aires, tomar café, leer a Cervantes o a Kipling. En una entrevista dijo: “Yo soy un hombre que ha sido feliz leyendo, conversando, soñando.” Esa felicidad modesta, sin estridencias, parece ser la más auténtica en su vida.
🧩 Conclusión: la felicidad como enigma borgiano
Para Borges, la felicidad no fue un objetivo, sino una consecuencia. No la buscó, pero la encontró en los intersticios de la vida: en una frase bien escrita, en una conversación nocturna, en el recuerdo de un amor. Su visión de la felicidad es compleja, ambigua, profundamente humana.
Quizás por eso, su obra sigue resonando: porque nos recuerda que la felicidad no siempre se encuentra en lo evidente, sino en lo secreto, lo fugaz, lo recordado. Como escribió en “Los conjurados”: “Somos el tiempo. Somos la famosa parábola de Heráclito el oscuro. Somos el agua, no el diamante, la sombra que huye, no la luz.”
Y en esa sombra que huye, Borges encontró —sin saberlo del todo— su forma de felicidad.
Comentarios
Publicar un comentario